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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2012.



Nana del niño ausente.

Dentro de la casa,

la cuna dorada

que albergó mis sueños,

conserva tu almohada.

 

La cuna dorada

acoge en la noche

tus sueños, y al alba,

alberga fantasmas.

 

Acoge en la noche

tu risa callada  

y torna al silencio

si la noche acaba.

 

Tu risa callada

acuna en mis brazos,

con seda bordada

la ilusión que fuiste.

 

Acuna en mis brazos,

y esconde mi cara,

de ingrata certeza

que trae la mañana.

 

Y esconde mi cara,

preñada de sueños,

de esta triste nana

que rompe el silencio.

 

Preñada de sueños

se despierta al alba,

la verdad hiriente:

que tú ya no estabas.

 

20 de septiembre de 2012.      Un poema que nació, estos días, leyendo en la prensa sobre niños robados.

Poema 20.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Tarde de lluvia con Neruda.

¿Cómo sabía él que era este el "último dolor" y que serían estos "los últimos versos"?



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