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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2012.

Cuando sonríes, ...

   Para tí, por el esfuerzo de poner una sonrisa, en medio de tu amargura.

When you are smiling

ocurre que tu sonrisa es la sobreviviente,

la estela que en ti dejo el futuro,

la memoria del horror y la esperanza,

la huella de tus pasos en el mar,

el sabor de la piel y su tristeza.

When you are smiling

the whole World,

que también vela por su amargura,

smiles with you.

Mario Benedetti,

Pasatiempo.

Otra vez Mario, 

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta,
un charco era un océano,
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego, cuando muchachos,
los viejos eran gente de cuarenta,
un estanque era océano,
la muerte solamente
una palabra.

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta,
un lago era un océano,
la muerte, era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad:
el océano es por fin el océano,
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.



Los detalles.

“Sin entrar en detalles, bien” dice un amigo, en un esfuerzo de optimismo, cuando se le saluda con la rutinaria pregunta sobre el estado de las cosas.

Podría convertirlo en mi personal balance de 2012 pero no estoy segura.  Quizá estoy demasiado influida por el río de mensajes que pasan por mi móvil, con intención de felicitar el año nuevo, teñidos del permanente deseo de que 2013 sea mejor que 2012.

Preguntar a Google ratifica una valoración cargada de pesimismo.

Los políticos, aunque lo intenten, dejan poco lugar a la esperanza. Vean si no como la presidenta regional, en referencia al año que nos deja, afirma que "ha sido un año difícil donde se han hecho muchos sacrificios"; y como el responsable del principal partido de la oposición asegura que “ha sido un año para olvidar”. Los esfuerzos de los responsables nacionales por reconstruir las maltrechas esperanzas de los ciudadanos tampoco dan para muchos.  En un solo discurso del presidente cabe decir de 2012, que "las cosas han sido más difíciles de lo que esperábamos", y en referencia a 2013 que “tenemos un año muy duro por delante”. Y el propio monarca, en su cada vez menos popular mensaje de nochebuena, da por hecho que “vivimos uno de los momentos más difíciles de la reciente historia de España”.

Confirmado, el contexto en el que abordo mi reflexión es proclive al pesimismo y tengo la tentación de no entrar en más detalles por si este se convirtiera en crónico.

Mi personal recuento tampoco orienta el ánimo al contrario. Me embarga una sensación generalizada de que no ha sido un buen año. Evoco con facilidad años mejores. Las condiciones y relaciones laborales tienen mucho que ver en esta nota. Cerraría aquí con el convencimiento de que sin entrar en detalles, 2012 ha sido un año malo. Pero no me resisto a ignorar los detalles y a destacar aquellos que compensan tan negativo análisis.

Ha sido 2012 el año de completar la familia numerosa que me acoge. El número de sobrinos alcanza el undécimo, número poco simbólico pero perfecto para el ejercicio de los afectos. Un año en que cambié de casa y esta se fue transformando poco a poco en un hogar. Ha bajado la cuota de la hipoteca, y cuando también lo ha hecho el salario se agradece doblemente. Fue también el año de la salud, pues aunque no hayamos matado el bicho hemos podido con su protagonismo.

Trescientos sesenta y cinco días en que sentí cerca a los amigos que abandoné lejos y sin embargo siguen estando próximos y dispuestos. He podido este año, sentir el apoyo y el respeto de amigos y compañeros en circunstancias nunca imaginadas, y quizá sea, el final del año, el momento también de agradecerlo.

Ha sido un año húmedo y en tierra seca la lluvia siempre es bienvenida; no se inundó el Molino, por exceso.

Hablé, callé, reí, lloré, amé y eché de menos, agradecí, compartí y pedí prestado.

Un año repleto de detalles que me llevan de vuelta hasta el inicio: “Gracias a los detalles, un buen año”.



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