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Mira esa estrella.

            Escribí este poema hace dos dígitos de años, pero no recuerdo cuántos. Podría volverlo a escribir hoy mismo mirando al cielo de verano.

Mira esa estrella.

Te mira en la distancia

y te dice de las propias proezas de tu vida.

Te recuerda tu infancia de supuesta inocencia;

tu juventud de logros,

tus vivencias.

Te muestra el hoy, que vives sin sentirlo.

 

Mira esa estrella.

En ella,

dejamos ilusiones algún día;

pusiste el corazón con la mirada;

cantaste al son de un vino nuevo

apenas inventado.

 

Mira esa estrella

que hoy brilla refulgente

haciéndote señales desde lejos,

para que vuelvas a contar con ella,

porque es su luz,

tenue, ligera,

quien en tu soledad,

guía tu noche.

 

¡Cuántas veces antaño la observaste

esperando poner tu vida en ella,

esperando que, al darle u pensamiento,

te devolviera el logro de tu idea!

 

¡Cuantas veces le diste de tus lágrimas

en noches sin sentido

y dejaste que fuera - solo una estrella -

quien te diera el consuelo!

 

¡Cuántas noches, entonces, la mirabas,

dándole el corazón con un suspiro,

constriñendo el temor de tus entrañas,

o ahogando aquel amor entre suspiros!

 

 

¡Y cuántas otras veces la ignoraste

fingiéndote capaz de ser - tú misma -

la estrella de tu vida,

el centro de tus centros!

 

Mira hoy la estrella.

Aún hoy,

en noche clara o turbia,

tu estrella brilla.

Y tú, pensando en todo,

lo que ella significa para ti,

miras la estrella.

Profundamente callas.

Tiemblas por dentro,

y sigues adelante.

01/08/2011 01:15 Nohemí Gómez-Pimpollo Morales Enlace permanente. Poesía No hay comentarios. Comentar.

Ya no es ayer.

La mejor aventura es esa de los años chicos, la aventura de descubrir la vida. Cuando averiguas porqué existe el ombligo. Que te gusta el pompis de las chicas y que sus pechos valen para tantas cosas ... Luego, poco a poco, desde abajo, sentado en el borde de la acera, notas que los hombres no son como creías. Que de pronto se ponen muy serios al hablar de política y dinero, que le dan una importancia incomprensible al alcalde saliente; a que levanten el empedrado de la calle; a las letras grandes del diario, a la muerte de un viejo ... a se encirre el cielo. Y que pasan ante nuestros juguetes sin mirarlos. Un mundo muy raro, que cuesta mil trabajos entender, traerlo a tu cabeza  de risas y balones, de besos a la hora de dormirte, de dulces los domingos, de películas cómicas y cantares a corro en la Glorieta. Empiezas a entender que la vida es una lata. Pero son entendimientos de segundo, pues una falda que aletea, el chiste de un amigo o no sé que empujón de la sangre en tu cabeza, te vuelven la alegría, la risa por nada y la creencia de que todo es formidable.

Francisco García Pavón



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