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A propósito de la dirección escolar.

Esta es solo la síntesis, os invito a leer el artículo completo en www.http://lascompetenciasbasicas.es

 

Si transcurrido el tiempo previsto como duración de cada legislatura no se convocaran elecciones, independientemente del ámbito de que se tratara, coincidiríamos en denunciar que se produce un atentado contra la democracia. Si no solo no se convocan los procesos previstos, sino que los responsables de hacerlo cambiaran las reglas del juego, la agresión contra el estado de derecho sería aun mayor. La situación descrita como hipotética se está produciendo en el marco educativo a propósito de la selección de directores de centros públicos.

Nuestro sistema educativo ha mantenido la participación como principios prioritario, si bien ha sido más fácil la conservación del principio en el marco de las declaraciones, que su concreción en la práctica, especialmente en lo referido a la organización y gobierno de los centros escolares. En este sentido, los cambios que se han producido al amparo de las leyes orgánicas que se han ido sucediendo en los últimos treinta años, han evidenciado la tensión entre elección y selección de directivos para las instituciones escolares.  El borrador propuesto por el gobierno de Castilla la Mancha, para sustituir el decreto vigente, confirma e incrementa la tendencia a favor de la selección, aunque mantiene en el discurso, especialmente en el preámbulo, el eco de la participación.

La no convocatoria de proceso de selección de directores en Castilla La Mancha en el curso 2011-12, implica el incumplimiento por la propia administración de la normativa actual que, aunque tenga intención de modificar, permanece vigente.

Las propuestas de modificación revelan, aunque no lo reconocen de manera explícita, un marcado componente ideológico priorizando las funciones de los directivos hacia actuaciones de gestión académica, de la convivencia y de los recursos, pero obviando  funciones de estímulo a la innovación y mejora.

El borrador de decreto contradice la participación que predica al reducir el peso del proyecto de dirección en el proceso selectivo, único elemento en el que es posible que  participen los representantes de la comunidad escolar. Lo hace también al reducir el número de representantes de la comunidad educativa en la comisión de selección y por el contrario, triplicar el de representantes de la administración con el consiguiente incremento de control externo al propio centro. Limita también la participación al igualar la duración del periodo de mandato de directivos seleccionados de los nombrados con carácter extraordinario.

El borrador, próximo a publicarse, pierde la ocasión de mejorar la dirección escolar (no lo hace en lo referido a su evaluación y formación) y de fomentar la autonomía de los centros. En su lugar, pone de manifiesto cierto tic autoritario del legislador, no solo en la multiplicación de la presencia de la administración en las comisiones de selección, o en el incumplimiento en el curso actual de la norma vigente, a los que ya hemos hecho referencia, sino en la intención de limitar el periodo de dirección de los directivos seleccionados como continuidad en el curso actual como si con ello pudiera borrarse cualquier indicio de que la norma que se incumple y deroga, hubiera existido.

El tema está pasando con más oscuridad mediática que otras decisiones que afectan en estos momentos al sistema educativo y que tienen la inmediatez de haberse presentado asociadas a medidas de ahorro.

Lamentablemente en todos los casos el componente ideológico es clave para deshacer un modelo educativo basado junto a la participación, en la igualdad, en el que  no se cree ni probablemente se ha creído nunca.

Ciudad Real. 7 de junio de 2012

La escuela de Charles Bovary

Fragmento de Madame Bovary (Flaubert, 1856)

Comenzó el sonsonete de las lecciones. El muchacho las escuchaba con los oídos muy abiertos, atento como en el sermón, sin atreverse siquiera a cruzar las piernas ni a apoyarse en el codo, y a las dos, al sonar la campana, el maestro de estudio tuvo que llamarle la atención para que se pusiera con nosotros en la fila.

Teníamos la costumbre de tirar las gorras al suelo al entrar en clase, para quedarnos con las manos  más libres; había que arrojarlas desde el umbral de modo que cayeran debajo del banco y pegaran contra la pared levantando mucho polvo. Era el estilo.

Pero ya se había acabado el rezo, y el nuevo, bien porque no se fijara en la maniobra o bien porque no quisiera someterse a ella, seguía con la gorra sobre las rodillas. [...]

—Levántese —le dijo el profesor.

Se levantó: la gorra cayó al suelo. Toda la clase rompió a reír.

El muchachote se inclinó a recogerla. Un escolar que estaba a su lado volvió a tirársela de un codazo; el muchacho tornó a levantarla.

—¡Vamos, suelte la gorra! —dijo el profesor, que era hombre zumbón.

Las carcajadas de los escolares desconcertaron al pobre muchacho: no sabía si había que tener la gorra en la mano, dejarla en el suelo o ponérsela en la cabeza. Volvió a sentarse y la posó sobre las rodillas.

—Levántese —le ordenó el profesor— y dígame cómo se llama.

El nuevo tartajeó un nombre ininteligible.

—Repita.

Se oyó el mismo tartamudeo de sílabas, apagado por el abucheo de la clase.

—¡Más alto! —gritó el maestro—, ¡más alto!

Entonces el nuevo, tomando una resolución extrema, abrió una boca desmesurada y, a pleno pulmón, como quien llama a alguien, soltó esta palabra: Charbovari.

El estrépito surgió repentino y, de golpe, subió in crescendo, con algunos gritos sueltos (alaridos, aullidos, pataleos, coreando: ¡Charbovari! ¡Charbovari!); luego, el estruendo fue declinando en notas aisladas, calmándose a duras penas y resurgiendo a veces de pronto en la línea de un banco o estallando acá o allá, como un petardo no del todo extinto, una risa ahogada.

Bajo una lluvia de castigos, se fue restableciendo el orden en la clase, y el profesor, una vez enterado del nombre de Charles Bovary mandando a su titular que lo dictara, lo deletreara y lo releyera, ordenó al pobre diablo que fuera a sentarse al banco de los desaplicados, al pie de la tarima profesoral. El muchacho se puso en movimiento, pero, antes de echar a andar, vaciló:

—¿Qué busca? —preguntó el profesor.

—Mi go... —musitó tímidamente el nuevo, paseando en torno suyo una mirada inquieta.

—¡Quinientos versos a toda la clase! —exclamado con voz furiosa, cortó el paso, como el Quos ego, a una nueva borrasca—. ¡A ver si se están tranquilos! —repetía indignado el profesor, enjugándose la frente con el pañuelo, que acababa de sacar del gorro—. Y usted, el nuevo, me va a copiar veinte veces el verbo ridiculus sum.

Después, con voz más suave:

—¡Ya encontrará la gorra, no se la han robado!

 

No he buscado el texto, me ha venido él a buscar a mí y para mi sorpresa, he dudado si mostraba una escuela del pasado, o del futuro.

Los parecidos con la escuela actual ... ¿son pura coincidencia?

¿Estrictamente innecesario?

¿Estrictamente innecesario?

El pasado 29 de febrero, Castilla la Mancha amanecía con la publicación en el Boletín Oficial de la Ley 1/2012, de 21 de febrero, de Medidas Complementarias para la Aplicación del Plan de Garantías de Servicios Sociales; simultáneamente, se desarrollaba una jornada de huelga de empleados públicos. Unos meses  y alguna huelga general después, algunas reflexiones parecen oportunas y casi imprescindibles.

Muchos de nosotros nos preguntamos si es el mismo castellano el que hablan los responsables políticos y el que utilizamos los demás ciudadanos. Seguramente no, a juzgar porque a todo un lote de medidas orientadas a recortar inversión pública en servicios sociales, se le llame “Plan de garantías de servicios sociales”. El castellano de la calle le ha dado un nombre más simple y más directo al llamarlo como mucho “Plan de ahorro” y para casi todos “Plan de recortes”.

Se entiende puesto que los recortes afectan precisamente a los servicios sociales que dicen garantizar y superan la ampliación del horario y la reducción del salario de los empleados públicos que parecen haber acaparado la mayor parte de la atención y de las protestas.

Entendíamos por servicios sociales básicos, como lo hace la inmensa mayoría, los servicios ofrecidos o garantizados por el Estado a todos los ciudadanos para facilitar su mayor bienestar o el máximo desarrollo de sus derechos. A la vista de la Ley 1/2012 tenemos que dudarlo pues según ésta garantizar los servicios sociales implica reducirlos.

Veamos un ejemplo a partir del artículo 25 de la citada Ley, en el que se modifica la Ley 7/2010, de 20 de julio, de Educación de Castilla-La Mancha.  Entre otras modificaciones que afectan a la gratuidad de materiales, servicio de comedor, becas o formación del profesorado, se reduce el número de potenciales beneficiarios del servicio de transporte escolar.

El apartado 2 del artículo 141 de la Ley de Educación de Castilla La Mancha, vigente hasta el pasado 1 de marzo, decía que “la prestación del servicio de transporte escolar será gratuita para el alumnado escolarizado en centros públicos que curse el segundo ciclo de la educación infantil, las enseñanzas básicas, el bachillerato y los ciclos formativos de grado medio” mientras que en el nuevo texto pasa a decir que “…será gratuita para el alumnado escolarizado en centros públicos que curse las enseñanzas básicas”. El ahorro no es solo de palabras, sino de beneficiarios del transporte que queda reducido a los diez cursos de enseñanza obligatoria, seis en primaria y cuatro en secundaria, y deja fuera  la Educación infantil y la postobligatoria. Es decir, que los alumnos que residan en localidades donde no existan enseñanzas de Educación infantil, Bachillerato o Formación Profesional no podrán acceder en igualdad de condiciones a estas enseñanzas pues la administración ha renunciado al compromiso de compensar la necesidad de desplazarse, y asumir el gasto que conlleva. Desconozco si esta administración seguirá manteniendo el objetivo europeo de aumentar hasta al menos el 95% el porcentaje de niños y niñas de entre cuatro años y la edad de comienzo de la escolaridad obligatoria, (6 años en España). En cualquier caso no asume las propuestas del Consejo de Ministros de la Unión Europea del 20 de mayo de 2011 de “implantar medidas destinadas a facilitar un acceso equitativo y generalizado a la educación infantil y a la atención a la infancia y a potenciar su calidad”.

Y como una reflexión enlaza con la siguiente, recordamos que se nos ha dicho por activa y por pasiva que estas medidas eran necesarias entre otras cosas para generar empleo. La lógica no encuentra aquí el sentido pues no parece que transportar a menos alumnos necesite de más transportistas que lo hagan, como escolarizar a menos alumnos tampoco requiere de más maestros en los centros.

Entre estos pensamientos resulta sorprendente que para la huelga convocada un mes después de que la Ley 1/2012, de 21 de febrero, de Medidas Complementarias para la Aplicación del Plan de Garantías de Servicios Sociales que recorta entre otras cosas el transporte escolar, fije para este mismo servicio el 100% como servicios mínimos. O dicho de otro modo, que mientras en un momento se puede recortar del transporte escolar porque no es prioritario, en otro se le otorga tal prioridad que mientras el país para, debe mantenerse a pleno funcionamiento. Es probable que en un día de huelga haya funcionando más transporte escolar que el que vaya a funcionar en tiempos próximos.

Por último encontramos en el primer párrafo de la Ley 1/2012, de 21 de febrero, de Medidas Complementarias para la Aplicación del Plan de Garantías de Servicios Sociales la explicación a los recortes pues dice, literalmente, que “la complicada situación por la que atravesamos obliga a renunciar a todo lo que no es estrictamente necesario”.  Desconocemos en qué medida los recortes en transporte escolar  contribuirán a reducir el déficit o a crear empleo. Desconocemos sus efectos sobre la crisis financiera y sobre los mercados. Desconocemos su valor como estímulo a la competitividad económica.

Pero sin embargo, estamos seguros de que para la actual administración educativa la igualdad de oportunidades “no es estrictamente necesaria” pues entre algunos de los recortes que asume, desde su peculiar estimación de prioridades, genera diferencias entre los ciudadanos que han nacido o viven en un entorno u otro. Lo hace sin disimulo al reducir servicios complementarios, como el transporte, porque la ausencia del servicio, o su no gratuidad, genera diferencias especialmente en el acceso en igualdad al propio sistema educativo.

 

Lleva escrito desde marzo de 2012 y guardado en mi ordenador;con tristeza lo saco hoy pues lo siento hirientemente igual de real.

 

Otra herencia.

Se han suprimido en Castilla La Mancha unos ochocientos maestros de apoyo a Educación Infantil. Ha habido también ruido sobre la eliminación de las aulas de adultos (otra centena). Dos medidas más contra el modelo educativo existente.

Se justifican estas decisiones en dos argumentos repetidos incansablemente: la “herencia recibida” y la “calidad de la enseñanza”. Ninguno de ellos explica la agresión que la educación está sufriendo. La herencia recibida, entre otras cosas y aunque implique déficit, es también la de infraestructuras modernizadas y próximas; los principios de inclusión e igualdad de oportunidades como prioridad; la innovación y formación permanentes como garantía de mejora. La calidad de la educación se merma cuando se dilapida esa parte de la herencia reduciendo la educación al modelo decimonónico de grupo de alumnos, de cualquier tamaño, a cargo de un maestro, sin más exigencias o posibilidades de mejora metodológica, innovación, formación, evaluación, trabajo en equipo, individualización, ...

Argumentan una calidad distinta a la soñada por padres y profesionales. Sus criterios, nada explícitos, se alejan de los estándares de calidad reconocidos en entornos internacionales de política educativa y en los propiamente pedagógicos.

Las últimas supresiones quizá sean eficaces para reducir el déficit, prioridad económica y presupuestaria de nuestros gobernantes; pero son absolutamente ineficaces para mejorar la calidad de la educación y conservar la herencia recibida.

Por cierto, tampoco parecen eficaces para luchar contra el desempleo.

El extranjero.

Por alguna razón, la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de hoy me ha recordado esta canción, que con poco más de doce años me sabía de memoria y que los tiempos me obligan a recordar.

Dichoso tú naranjo iluminado
que Dios te ha dado certidumbre en los pies
y sabes que no has sufrido
sino al amparo de un paisaje conocido
y consideras tuyo todo cuanto ves

Oye la campana que se anima con el viento
ella puede volar,
pero no dejar bajo la tierra sedimento
no tendrá raíces solo cicatrices en su repicar

Yo solo soy de mi niñez y se la dieron
al país de las crisálidas viajeras
sobre pájaros en flor que no supieron
de raíz ni de fronteras

Soy ciudadano de una patria inadvertida
del camino y no la tierra soy granjero
dando tumbos voy y vengo por la vida
cada vez más extranjero.


Dichoso tú naranjo enardecido
que me has parido y me has visto crecer
a ratos por los marjales
y no sabías que ya no éramos iguales
que el autocar nos alejaba sin querer

Antes que tu sombra perfumada me pregunte
si me voy a quedar
déjate cantar por mi guitarra transeúnte
No me pidas nada
dame tu posada y hazme caminar

Yo solo soy de mi niñez y se la dieron
al país de las crisálidas viajeras
sobre pájaros en flor que no supieron
de raíz ni de fronteras.

(Joan Baptista Humet, 1980)

 

Resaca.

Resaca.

¿Qué alba es ésta que llega como el fin de un eterno letargo? ¿Cuánto hace del inicio del día? ¿Fue narcosis o hipnosis? ¿Efecto cataclísmico de un impacto mental? ¿Dónde estoy? ¿Yazco en mi cama o me alberga un destierro forzoso? ¿Quién puso oscuridad sobre mis sueños cerrando los canales por los que anhelan luz? ¿Cuándo huyó él dejándome dormir en soledad desnuda? ¿Cómo perdió la cabeza su constante equilibrio de razones y se llenó de vértigos ajenos? 

¿Por qué volví a beber de madrugada?

Adiós.

La mañana había transcurrido con normalidad. Saludos matutinos a diestra y siniestra del pasillo a medida que, junto con otros compañeros de turno matutino, se iba incorporando. Los cuidadores del turno de noche aún deambulaban por allí. Algunos llevaban la bata puesta y parecían dispuestos a quedarse junto con el nuevo turno. El empeño por terminar sus tareas, o el retraso en hacerlo, les hacía parecer más diligentes que el resto. Otros habían cambiado la indumentaria tan pronto como se habían leído las ocho en el reloj, un ejemplar enorme que presidía, desde su alcayata, la sala de juntas.

Casi no había hablado con nadie. Las ocho horas de rutinas laborales habían transcurrido con normalidad. En el primer descanso había tomado café con los compañeros y luego salido a fumar un cigarro a la puerta con los bedeles. En el segundo, unas tres horas más tarde, se había comido su almuerzo en solitario. Algunos compañeros comían en la cafetería. Él siempre traía comida de casa y la tomaba con tranquilidad y en silencio en la sala de juntas.

El nerviosismo empezó a apoderarse de él a medida que se aproximaba el final de la jornada. ¿Y si se había equivocado?

Cuando el enorme reloj de acero inoxidable y números romanos marcó las cuatro de la tarde se quitó el uniforme y lo dejó cuidadosamente doblado en su taquilla. Cogió su bolsa y empezó el camino de retirada. No pudo evitar, al salir, hacer una breve pausa y recorrer con la mirada, como para grabarla en la memoria, la sala de juntas.

Suspiró e inició la marcha hacia la puerta por la que ocho horas antes había entrado por última vez. A su espalda quedaba, a golpe de decisión tomada, un  número importante de años que nunca habría previsto gastar juntos en el mismo sitio.

La puerta se cerró tras él sin ruido alguno. Al salir a la calle sintió el aire fresco golpear su rostro. Miró al cielo y suspiró de nuevo. Al día siguiente iniciaba sus vacaciones y después ya no volvería.

Hacía algún tiempo que había decidido marcharse discretamente. Hoy, se había marchado.

La sonrisa de una dama.

Me la han regalado y, aunque para nada me la merezco, os prometo que me servirá de acicate para acercarme en este año un poquito más a esa dama.

He querido regalarte en un día tan especial
Un baúl imaginario donde puedas ensoñar
Con detalles de tu mundo y paisaje de colores
¿qué otra cosa puedo darle a una linda dama blanca?
Sino una lista de esas cosas
Que se guardan de verdad
Una flor
Un hermoso amanecer
Una foto con amigos y una gran beso al corazón
Un barquito de papel
Y una niña con un sol
Y una tarde en los jardines del edén
Un lugar donde soñar y otro donde realizar
Y una vida por delante para dar
Mucha más felicidad brillando a tu alrededor
Todo envuelto en un lazo de ilusión
Para que asi nunca te olvides
De mostrar al mundo entero
La sonrisa de una dama como tú...
Un lugar donde soñar y otro donde realizar....
Feliz cumpleaños.

Miguel Bosé

Ponerlo todo perdido de palabras.

Ponerlo todo perdido de palabras.

Uno de estos días, de camino al trabajo, escuchando la radio, con cierta desatención de la tarea de viajar, a riesgo de ser víctima de mi propia conducción, escuché a alguien decir que le preocupaba mucho "no ponerlo todo perdido de palabras”. Otros lo habían dicho antes. Yo lo visualizaba de manera instantánea; con más nitidez si cabe que la propia carretera que iba quedando delante y detrás de mis recién estrenados neumáticos.

Imaginé mi mesa, apenas montada en mi recién recompuesto estudio, vacía de enseres, de libros, de lápices, incluso de papeles, y en su blanco casi inmaculado, grafías que aparecen y se reescriben por sí mismas, y se agrupan para dar lugar a mágicas apariciones lingüísticas.

Seguí mi propio juego, y acaricié con la mente las letras que aparecían sobre mi escritorio, para pasar a ordenarlas por múltiples secuencias.  Montones y filas de palabras agrupándose a veces por tener tamaños o colores iguales, y otras veces por ser bien diferentes. Nacían y crecían, se agrupaban,  se alejaban, se unían y se soltaban por significados parecidos o enfrentados. Un criterio por milésima de segundo que podía transformarse en el contrario a medida que más y más palabras florecían en mi mente y en mi mesa.

Las hubo para la risa y para la tristeza, para la armonía y para el desorden, para el recuerdo y para el olvido, para la lucha y para la calma, para el amor y para el odio, … Pese a mi esfuerzo por clasificarlas mi escritorio se mantuvo lleno de otras palabras vivas que no se dejaban limitar porque encerraban sentidos que eran ciertos para más de un criterio.

Encontré vocablos que creí estar inventando allí mismo, pero que me sonaron contundentes haciéndose un sitio digno en el tablero. Y las dejé quedarse en algún hueco, solaparse con otras y sobreponerse a las anteriores. Allí quedaron escritas, entre otras, el verbo “malportarse” que hice mío en un gesto de consciente rebeldía ante formas impuestas; y el sobrenombre de “zascanvecino” con el que bauticé a algún compañero que pasaba de lo grato a lo ingrato sin aviso y sin perder el beneficio de lo próximo.  Ambas, como otras, habían nacido en mi discurso interno mucho antes de presentarse ante mi pluma.

Kilómetros más adelante y miles de palabras evocadas, empecé a entrever el destino que diluía los montones de términos derramados sobre mi mesa imaginaria. Me oí decir que no bastaba con poner un pupitre perdido de palabras. Que debían soltarse igual que se desatan los barcos de las amarras del puerto, o como se vuelan los globos de la mano de un niño, o de la forma en que flotan los vilanos en el aire cuando llega el verano.

Soplé, igual que se sopla a las velas de un cumpleaños generoso. Imaginé entonces infinitas palabras con alas de colores saliendo del escritorio, pegándose a las paredes, filtrándose por las rendijas, volando en todas direcciones para, por fin, ponerlo todo, perdido de palabras.

Gracias Ángel Gabilondo y Juan Ramón Lucas, por ponerlo todo perdido de palabras y por dejar la frase, desinteresadamente, al alcance de cualquier inquieto pensamiento.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.

Por ser mañana 8 de marzo, me han obsequiado con este bello poema que quiero compartir con todas vosotras, con todas aquellas que no tienen quien se lo obsequie, y con todos los que piensen al menos en una mujer a quien regalárselo.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.

Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género
Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.

 

Gioconda Belli (Managua, 1948)

No menú para una no cena.

Algún extraño impulso me ha tentado a obsequiarte con uno de los platos compartidos antaño y he andado hurgando entre notas y recuerdos para orientar mi decisión.

Despacio y sin quererlo he visto algunas de las viandas compartidas.

“Bocadillo de carne fría con trocitos de lechuga y patatas chips intercaladas”. Tu madre siempre dijo que era una guarrería poner las patatas dentro del bollo, pero tú defendías la textura crujiente del bocata. Discutíamos el nombre como si inventáramos algo de la nueva cocina y dabas la receta a tus amigos. Tú lo llamabas sándwich. Solías comentar que te recordaba nuestra primera excursión cuando, de estudiantes, formando parte del ceremonial del primer cortejo, me llevaste a ver un río que nunca encontramos y que todavía hoy dudo que exista. No te diré más. Tengo en la nevera una pechuga asada que podría pasar por carne fría, pero no me parece un menú oportuno para la ocasión.

“Pizza galardonada”. Así llamabas a la pizza prehecha, comprada en cualquier supermercado, a la que después, entre risas y jolgorios, íbamos añadiendo un poco de todo lo que encontrábamos por la nevera. Mejillones, huevo, jamón añejo, pisto manchego o berenjenas podían convivir sobre una pizza que ya traía su carne y su tomate, con tal de que al final quedara rematada con abundante queso. Mi madre siempre puso el queso, que compraba en cantidades repartideras para que un mes sí y otro también, pudiéramos traernos un buen pedazo después de visitarla. No recuerdo cuando galardonamos nuestra última pizza compartida aunque mantengo la costumbre de prepararla cuando tengo visitas repentinas o un partido de fútbol compartido la merece.

“Croquetas resultantes”. Así nombraste a mis croquetas que no eran de pollo ni jamón y nunca supe si con agrado o con ironía hiriente para vengarte de que siempre fueran diferentes. Pero las comías a placer cuando las encontrabas recién fritas al volver del trabajo. Recuerdo especialmente unas de salmón ahumado que estaba preparando para la fiesta de los niños cuando llegaste cabreado de un encuentro de amigos. Te reíste a carcajadas, nunca las habías visto de salmón ahumado ni pensabas que serían del agrado de nadie. Sin embargo, como si no hubieras comido en tu vida, las devoraste en el tiempo que yo tardé en ir a comprar unos refrescos para la fiesta. No tengo que explicarte por qué no me apetece prepararlas.   

“Puchero cómodo”. Si no recuerdo mal, fue lo último que tomaste en casa. Era un cocido completo que te iba a servir como plato único porque siempre protestabas porque la sopa te saciaba y no podías tomar el resto. Por alguna razón te disgustaste y me culpaste de escatimarte cosas o de ahorrarme el tiempo de prepararlo bien. Enumeraste uno por uno los cocidos de tu infancia que no habías vuelto a probar. Te fuiste calentando, creo que porque veías que yo seguía comiendo casi sin inmutarme, hasta que decidiste que había llegado el fin y lanzaste tu plato por los aires y la olla caliente al fregadero ante los ojos asombrados, casi llorosos, de tus hijos. No he vuelto a hacer puchero ni a probarlo. Supongo que habrás recuperado tus cocidos de infancia, y no sé si me alegro.

No prepararé nada. Cenaré fuera con los peques. Tampoco voy a dejarte entrar en casa para buscar tus cosas. He puesto todo lo que era tuyo en un par de maletas que dejo a la portera, y por si tienes hambre, te dejo en una bolsa unas manzanas que sé que no te gustan.

 

"Alucinaciones"

                                       En homenaje a José Hierro, de cuya ausencia hoy hablan los periódicos.

 

Pero se me ha borrado

la historia (la nostalgia)

y no tengo proyectos

para mañana, ni siquiera creo

que exista ese mañana (la esperanza).

Ando por el presente

y no vivo el presente

(la plenitud en el dolor y la alegría).

Parezco un desterrado

que ha olvidado hasta el nombre de su patria,

su situación precisa, los caminos

que conducen a ella.

Perdóname que necesite

averiguar su sitio exacto.

 

Y cuando sepa dónde la perdí,

quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale

tanto como la vida para mí, que es su sentido.

Y entonces, triste, pero firme,

perdóname, te ofreceré una vida

ya sin demonio ni alucinaciones.

 

José Hierro, fragmentos de "Libro de las alucinaciones" 1964

Más lluvia.

                                    Es curioso, no creo en Sanvalentines, pero sí en la lluvia, y hoy me ha caído esta en el correo.

 

"... y me cuesta escribir la palabra amor,

porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa,

y solo el alma sabe dónde las dos se encuentran,

y cuándo,

y cómo, ..."

 

"Lluvia", de Juan Gelman.Beso

Noche de lluvia y el amor ausente.

Reencontrado en "El Periódico del Común de la Mancha" de Agosto de 1997. Fue Premio del IX Certamen de Poesía Joven Ciudad de Tomelloso. Lo escribí yo y hoy, al copiarlo, me ha despertado una tierna sonrisa.

 

Llueve.

Esta noche,

un poema me late en el fondo del alma,

y esta noche,

mi pluma ha perdido todas sus palabras.

No hay musa en mi oído;

no suena mi flauta;

no hay luna que alumbre mi cielo,

ni paño que  enjuague mis lágrimas.

 

Llueve.

Mi pluma fluye fácil.

El peso de la noche cae sobre mi, …

y yo, incapaz de sostenerlo,

te añoro.

 

Llueve.

Esta noche,

un poema que es llanto

cierra mi garganta;

y esta noche,

de lluvia pausada,

extraño mi almohada.

 

Llueve.

Yo quisiera,

esta noche de lluvia,

tenerte en silencio

y sentarme en tus piernas mullidas,

y buscar un cobijo en tu pecho,

y oír tus palabras,

suspiros …

o escuchar tus silencios.

Yo quisiera mojarme contigo

respirando del mismo universo;

y quisiera beber en tu vaso

del agua que vierten tus besos.

Yo quisiera esta noche cantar

- con mi pecho en tu oído –

estos versos,

y que fueran canciones secretas,

sacadas del tiempo.

Y quisiera acunarte en mis brazos.

Y quisiera mesar tus cabellos,

Y mezclar en tus cálidas manos

mi cuerpo sereno.

 

Llueve.

Yo quisiera esta noche

ser lluvia que moja tu cuerpo;

y quisiera ser barco en tus aguas.

y ser ave que surca tu cielo.

Yo quisiera,

esta noche de lluvia,

ser la senda que pisan tus pasos,

y ser luna que vela tus sueños.

Yo quisiera esta noche …

 

Y quisiera …

 

¡Y es tanto y no puedo!

Que querer se me vuelve un cuchillo,

y se clava en mi pecho.

 

Llueve.

Mi rostro está mojado,

y aún sigue lloviendo.

Donde el corazón te lleve.

Apareció anoche en un pequeño cuaderno de citas recopiladas

de las lecturas de hace años.

Escogió el momento oportuno.

Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raices es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raices y poca copa a duras penas deja circular su savia. Raices y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas, solo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así, al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos.

Y luego, cuando ante ti se abran muchos  caminos y no sepas cual recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar, siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga; aguarda y aguarda más aún.  Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.

Susana Tamaro en "Donde el corazón te lleve".

Antonia.

Debió de escribirlo Rafael Gómez - Pimpollo Serrano antes de ser fusilado en Manzanares. Su hijo y nietos, entre quienes me incluyo, lo redescubrimos y rescatamos del olvido hace unas cuantas navidades. Antonia, que fuera joven esposa y madre, lo había guardado celosamente. Sirva como homenaje a ambos.

"Antonia, nombre de madre.
Para mi quise que fuera,
la vida un vergel florido
y estos monstuos sin entrañas
me arrancan el ser querido.

Por redimir nuestro hogar,
por hacer feliz la vida,
por educar nuestro hijo,
por combatir la mentira,
Antonia, por eso muero,
que lo sepa nuestro hijo.
Edúcalo mucho y bien,
que su fin sean mis principios."

La reforma en femenino: Españolas de la reforma.

Si quieres leer el texto completo, ponte en contacto conmigo.

Cuando hace algo más de un mes, Luís Cano, en nombre de AMRE[1] o en el suyo propio, me invitó a participar en los actos conmemorativos del día de la Reforma de 2011 en Ciudad Real, y asumí el reto, ignoraba que reto y riesgos actúan a veces como dos caras de una misma moneda. Asumí, en un solo acto el reto del trabajo y varios riesgos. Ahora, apenas un par de días antes de hacer la exposición, estoy segura de que hay algunos riesgos que todavía desconozco, otros que guardo para mí, y varios más que me atrevo a analizar.

Citaré en primer lugar el riesgo de hablar ante un auditorio suficientemente preparado, tanto en materia histórica como espiritual. Me gusta la historia, conozco nuestra historia a grandes rasgos, pero temo cometer errores de datación o interpretación. Lo asumo porque el objetivo supera el valor histórico en sí mismo y puede ayudarnos, ayudarme a crecer. Espero que cualquier error, posible aunque involuntario, pueda ser no solo disculpado sino comentado para mejorar el contenido de este texto y la formación de quien lo escribe. Pero espero sobre todo contribuir a que todos aprendamos algo que nos sea útil en nuestra vida cotidiana.

En segundo lugar estaba el riesgo de, por el temor a equivocar el dato, perder de vista a las mujeres que pretendo presentar. La historia, como la medicina, como la educación, como las estadísticas,… se compone de personas que como nosotros hoy, vivieron, pensaron, creyeron, lucharon, … acertaron o se equivocaron, en un tiempo y un lugar que les era propio. La mujer que nos centra es María de Cazalla, de quien conservamos las actas de un proceso inquisitorial y poco más, ni un diario, ni una imagen, … Si yo misma tuviera que elegir qué quiero que de mí perdure para la historia, para que se me conozca, no escogería las actas de un juicio ni el relato del capítulo más amargo de mi vida. Sin embargo la historia es en cierta medida caprichosa y guarda vestigios involuntarios.

También he corrido el riesgo de dejarme llevar por estereotipos que aparecen y se instalan solos en el pensamiento y en el discurso. El tema podría facilitarlo; la Inquisición parece abocarnos a hablar de malos y buenos diferenciadamente en referencia a acusadores y acusados respectivamente, pero también a delatores y delatados, a mártires y confesos, … Pero la historia muestra situaciones y hechos donde los límites no están tan claros. Del mismo modo estaba el riesgo de interpretar estereotipadamente la visión de la mujer, como si solo la mujer actual pudiera ser activa, ocupada, implicada, emprendedora, …, a veces incluso como si la inteligencia o la razón, y más la femenina, fueran una conquista del siglo XXI.

Asumía igualmente el riesgo de hablar sólo como mujer, en el más limitado sentido de la palabra. No he querido, ni aquí ni nunca, tratar con mayor benevolencia a mis congéneres que al resto, como tampoco me gusta que me traten anteponiendo mi condición femenina a mi condición humana. Es parte del diseño, pero no es imprescindible que sean las mujeres las únicas que hablen de mujeres, como tampoco lo es que sean los hombres quienes hablen de hombres.

Por último, citaré el riesgo de abrir y cerrar el tema en un solo acto. Si al terminar de hablar o de escribir, ninguna pregunta, ningún comentario, o incluso ninguna discrepancia se produce, el riesgo se habrá cumplido lamentablemente. Para superarlo espero que se genere, como ha crecido en mí, alguna inquietud, interés o curiosidad por esta mujer, y por otras personas, que actuaron con valentía y con sabiduría en momentos difíciles.

En el tiempo trascurrido desde el día en que Luís Cano me invitó hasta hoy, he pensado muchas veces en la razón por la que acepté el reto y he estado también en ocasiones tentada a dejarlo. Sin embargo, aunque no haya superado los riesgos que enunciaba, aunque haya tenido que regatear minutos al tiempo y pelear con información escasa y dispersa, la experiencia de preparar el tema ha merecido la pena y debo agradecerle la ocasión que me ha brindado y lo que con ella he aprendido.



[1] Asociación Ministerial Reformada de España.

Confesiones postales.

A partir de "Declaración de amor en comisaría".

Max Frisch

Querida Trini,

Hace mucho que no te escribo, pero es que no te imaginas la racha que llevo de sucesos extraños. No es que me pasen cosas de fuera de este mundo, ni de expediente X, pero últimamente no tengo tiempo de aburrirme.

Hemos hecho un poco de obra en casa y he estado ocupada con la pintura y los arreglos finales.

Además, hasta he pasado una noche en la comisaría. Pero no te asustes. No he hecho nada malo. Hay veces que las casualidades se van juntando solas. Bueno, casi he empezado por el final, pero con esta carta aprovecho y te pongo al día.

Te echo de menos. Te contaría todo esto largo y tendido sentadas las dos en el sofá, como cuando de estudiantes nos saltábamos las clases para contarnos todo. ¿Te acuerdas? Fuiste tú la primera que supiste que Andrés ocupaba un huequito en mi vida, y me fuiste ayudando a hacerle el hueco grande. ¡Qué tiempos más felices! ¡Como los añoro! Ya ves, lo cacé a él pero ahora te tengo a ti lejos.

Bueno, pues voy a contarte antes de ponerme melancólica. Tiene hasta su gracia lo que me ha pasado aunque me dice Andrés que no debo parecer superficial cuando lo cuento.

Ya sabes como soy para mis cosas. De vez en cuando necesito un día solo mío, y lo aprovecho. Pues aproveché el miércoles pasado que Andrés había salido. De esas veces que dice que tiene reunión de trabajo y yo ya sé que no vendrá a cenar, o incluso que no le voy a ver en un par de días. El piensa que me enfado, pero no, entiendo que necesite su canita al aire, sin pasarse, y sobre todo agradezco que me deje para mí todo el aire de la casa.

Me preparé. La bañera llena con doble dosis de espuma. La música muy flojita. ¿Te he dicho que hemos puesto el hilo musical por toda la casa? Es una gozada y nos han hecho un precio muy bueno. Si te animas me lo dices y te mando a los chicos, que trabajan muy bien. Te decía, la bañera, la música, la espuma, … y me pasé un buen rato en remojo. Al salir me puse mascarilla en el cabello. Una de karité que me compré en Australia y, en la cara, una crema muy fina que me trajo Andrés de París en su última escapada. Como ambas había que dejarlas reposar un rato aproveche para ponerme unas rodajas de pepino en los ojos, como cuando éramos jóvenes y no teníamos dinero para cremas. ¿Te acuerdas como devorábamos los consejos de belleza de todas las revistas? Que gracia. Debía de estar monísima, ¡como para un anuncio! Calculé diez minutos de reposo y, aprovechando el hilo musical, pensé irme al sofá de la salita para tumbarme un rato.

¡Pero que susto! Al salir al pasillo me encontré con un chico que, al verme o casi antes, cayó redondo al suelo. Pensé que era algún técnico que había mandado Andrés. Como el hilo musical es nuevo y está en garantía. Lo llamé muchas veces pero no se movía así que empecé a asustarme y llamé a la muchacha que estaba en la cocina. Tenías que haber visto los gritos que daba. “¡Está muerto! ¡Está muerto!” Decía. Tanto gritó, que las vecinas sordas del piso de abajo subieron asustadas y empezaron a ponerle agua fría al muchacho en la cabeza. Luego llamamos al 112 porque no reaccionaba. Vino la policía y la ambulancia. Y yo, todo el rato, con mis cremas y mis pepinos puestos. Ahora me río, porque debía de parecer un cromo. Pero entonces no me dí ni cuenta. Imagínate que dijeron que teníamos que ir todos a declarar a la Comisaría y si no es porque la chica me lo dice, me voy en albornoz y pintada con crema y con pepinos.

Pensarás que soy frívola por contártelo así, pero es que visto ahora, me hace mucha gracia. Lo siento por el hombre. Dicen que sería un ladrón de los normales que pasó aprovechando una ventana abierta a ver que se llevaba. Tenía un reloj de Andrés y algún dinero en el bolsillo. Creo que el dinero era el que yo dejo en el taquillón para que la chica vaya comprando el pan y algunas cosas sin pedirme a cada momento. Le tomaron las huellas y supongo que habrán localizado a algún familiar. A nosotros nos dejaron marchar con el aviso de estar disponibles por si algo en la investigación se presentaba.

Las solteronas sordas del piso de abajo son muy malas. Cuando estábamos en la comisaría empezaron a insinuar que yo lo había matado. Pero no es cierto. Yo andaba por mi casa con mis cosas. Dijo el policía que seguramente le había dado un ataque al corazón, pero hay que esperar a la autopsia para estar seguro.

Puedes estar segura de que yo no le hice nada. Andrés también confía en mi. Eso me ha dicho hoy por teléfono cuando se lo he contado todo, aunque me ha pedido que no me ría cuando lo cuente en otros sitios. Quizá tenga razón, pero me sigue haciendo mucha gracia imaginarme, con mi crema y mis pepinos asustando a un ladrón hasta la muerte. Que digo yo que para ser ladrón hay que tener un corazón algo más fuerte.

Bueno Trini. No te preocupes que yo estoy bien y no he matado a nadie. Tengo ganas de verte. Si Andrés me avisa de su próximo viaje, te lo digo y te vienes a hacerme compañía. Te servirá de vacaciones y volveremos a hablar de nuestras cosas y hacernos cremas y potingues con huevo, miel, … y rodajas de pepino. Pero te aseguro que vigilaremos antes que todo esté cerrado y no pueda colarse ningún ladrón de corazón flojo.

Un abrazo de tu amiga de siempre.

Estrella.

Bárbara

Bárbara

Apenas una milésima de momento antes de que la habitación se haya iluminado de súbito para volverse a oscurecer, una masa caliente ha cruzado el firmamento ajena a la tristeza infantilmente humana de la niña.

La energía calórica en esa masa de vapor celeste alcanza temperaturas inconmensurables. Por suerte el fenómeno ha sucedido muchos pisos por encima de la humilde habitación que soporta el llanto mudo de la pequeña, porque de otro modo, el cumulonimbo de la tarde, dilatado por efecto del calor, habría dado al traste con su llanto, con su aposento y con su historia. La nube caliente, perdida su imagen de inocente pedazo de algodón, se sorprende a sí misma entre vapores fríos a quienes imitar, y para hacerlo, se repliega y contrae sin poder evitar la expansión que de su misma fiebre se deriva. Y es ese involuntario crecimiento y autoconfinamiento, el que le arranca un grito que retumba como estruendo desde el cielo.

Pero Bárbara no escucha gritos celestiales mientras atiende sin consuelo a su vieja muñeca que ha perdido un ojo, y solo eso es, en este instante, lo importante.

 

Nohemí, tu texto me despierta una desazón y una inquietud muy sugerentes. Me parece que en este microtexto has desplegado una cara desconocida de ti, más poética, extraña, casi surrealista, pero certeramente cerrada en ese ojo de cristal final. ¡Felicidades!

(Silvia Nanclares, mi profesora en Fuentetaja Literaria)

Ya no es ayer.

La mejor aventura es esa de los años chicos, la aventura de descubrir la vida. Cuando averiguas porqué existe el ombligo. Que te gusta el pompis de las chicas y que sus pechos valen para tantas cosas ... Luego, poco a poco, desde abajo, sentado en el borde de la acera, notas que los hombres no son como creías. Que de pronto se ponen muy serios al hablar de política y dinero, que le dan una importancia incomprensible al alcalde saliente; a que levanten el empedrado de la calle; a las letras grandes del diario, a la muerte de un viejo ... a se encirre el cielo. Y que pasan ante nuestros juguetes sin mirarlos. Un mundo muy raro, que cuesta mil trabajos entender, traerlo a tu cabeza  de risas y balones, de besos a la hora de dormirte, de dulces los domingos, de películas cómicas y cantares a corro en la Glorieta. Empiezas a entender que la vida es una lata. Pero son entendimientos de segundo, pues una falda que aletea, el chiste de un amigo o no sé que empujón de la sangre en tu cabeza, te vuelven la alegría, la risa por nada y la creencia de que todo es formidable.

Francisco García Pavón