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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Selecciones.

Charlot

Se buscan Charlots, por las calles de hoy.

¡Nos hacen mucha falta!

Hay un perro pequeñito

que te muerde el corazón;

pero está tan …, tan hambriento

que le regalas tu yo.

 

Se burlan de ti, se burlan

porque ofreces una flor

y una sonrisa, creyendo

que es la suprema razón.

 

Vas abriéndote camino

- molinete, tu bastón-,

mas tu hélice, aeroplano,

solo rastrea el dolor.

 

El mundo es hosco y espeso,

pero salta el corazón,

se despega y toma vuelo

como un motor de explosión.

 

Tonto genial, pobre diablo,

¿no eres tú la encarnación

evidente y no creíble

de Dios con hongo y bastón?

 

Se burlan de ti, se burlan,

y hay un tipo grandullón

yuna muchacha bonita.

Mil tropiezos: ¡y el amor!

 

Sólo una mueca, el calambre

con que sacudes tu yo,

te sirve para salvarte.

¡El resto es vida interior!

 

Y vas tirando – paciencia-,

curado de indignación,

y extrañado de que dejen

tomar, sin pagar, el sol.

 

Gabriel Celaya

"Pelando la cebolla"

"... El recuerdo se asemeja a una cebolla que quisiera ser pelada para dejar al descubierto lo que, letra a letra, puede leerse en ella ..."

Güuter Grass, que hoy ha dejado de escribir y de leer recuerdos.


Prioridades sociales.

Hoy, repetidamente, estos textos han ocupado mi pensamiento.

Válidos dentro y fuera de mi fe.

 

"Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada.

Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.

No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro.

Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.

No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana.

No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová.

No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo.

No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.

 No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.

No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová."

La Biblia. Levítico 19. 9 a 18

Ética en la escuela.-

Adela Cortina en El País, el 2 de Diciembre de 2012

Dicen algunos expertos en estos temas que las gentes formulamos juicios morales por intuición, que no tenemos razones y argumentos para defenderlos, sino que tomamos posiciones en un sentido u otro movidos por nuestras emociones. Tratan de comprobarlo, por ejemplo, con lo que llaman “males sin daño”, como es el caso de una persona que promete a su madre moribunda llevarle flores al cementerio si muere y, una vez muerta, no cumple su promesa. ¿Ha obrado moralmente mal? La madre no sufre ningún daño y, sin embargo, la mayoría de la gente está convencida de que está mal obrar así, pero no saben por qué. Y esta es la conclusión que sacan los expertos en cuestión: las gentes asumimos unas posiciones morales u otras sin saber por qué lo hacemos, nos faltan razones para apoyarlas. Cuando lo bien cierto es que en nuestras tradiciones éticas podemos espigar razones más que suficientes para optar por unas u otras, aunque se trate de cuestiones nuevas. Conocer esas tradiciones y aprender a discernir entre ellas es, pues, de primera necesidad para asumir actitudes morales responsablemente, para poder dialogar con otros sobre problemas éticos y para innovar.

Esto no se consigue en un día, por arte de birlibirloque, sino que requiere estudio, reflexión, diálogo abierto. Ese era el propósito de una asignatura, presente en el currículum de 4º de la Enseñanza Secundaria Obligatoria desde hace casi un par de décadas. Se llamó primero Ética. La vida moral y la reflexión ética, ahora lleva el nombre de Educación ético-cívica, y en su honor hay que decir que ha permanecido en su lugar a través de los cambios políticos. Sólo antes de que naciera se planteó el problema de si la ética era una alternativa a la religión, o si más bien era común a todos los alumnos, mientras que la religión quedaba como optativa. Afortunadamente, esta segunda fue la solución, y desde entonces ningún grupo social y ningún partido político han puesto en cuestión su presencia en la escuela.

Es lamentable, pues, que desaparezca en el Anteproyecto de ley orgánica para la mejora de la calidad educativa, cuando la calidad debería consistir sobre todo en formar personas y ciudadanos capaces de asumir personalmente sus vidas desde los valores morales que tengan razones para preferir, no solo en que los alumnos adquieran competencias y conocimientos para posicionarse en el mundo económico. Si se trata de “lograr resultados”, como dice a menudo el anteproyecto, ayudar a formar una ciudadanía responsable es un resultado óptimo y además es el único modo de contar con buenos profesionales.

Un buen profesional no es el simple técnico, el que domina técnicas sin cuento, sino el que, dominándolas, sabe ponerlas al servicio de las metas y los valores de su profesión, un asunto que hay que tratar desde la reflexión y el compromiso éticos. Justamente la crisis ha sacado a la luz, entre otras cosas, la falta de profesionalidad en una ingente cantidad de decisiones, el exceso de profesionales que utilizaron técnicas como las financieras en contra de las metas de la profesión, en contra de los clientes que habían confiado en ellos.

En un sentido semejante se pronuncia el economista Jeffrey Sachs al afirmar al comienzo de su último libro, El precio de la civilización, que “bajo la crisis económica americana subyace una crisis moral: la élite económica cada vez tiene menos espíritu cívico”. Y lleva razón, nos está fallando la ética, esa dimensión humana que no solo es indispensable por su valor interno, sino también porque ayuda a que funcionen mejor la economía, la política y el conjunto de la vida social. Hace falta, pues, en la educación una asignatura que se ocupe específicamente de reflexionar sobre los problemas morales, conocer las propuestas que nuestras tradiciones éticas han aventurado, y argumentar y razonar sobre ellas para acostumbrarse a adoptar puntos de vista responsablemente.

Claro que una modesta asignatura no basta, que no es la píldora de Benito que resuelve todos los problemas, pero una sociedad demuestra que una materia le parece indispensable para formar buenos ciudadanos y buenos profesionales cuando le asigna un puesto claro en el currículum educativo, no cuando la diluye en una supuesta “transversalidad”, que es sinónimo de desaparición. Y más si ese puesto es el que ahora tiene, 4º de la ESO, un momento crucial en el proceso educativo.

Una sociedad no puede renunciar a transmitir en la escuela su legado ético con toda claridad para que cada quien elija razonablemente su perspectiva, porque es desde ella desde la que podemos juzgar con razones sobre la legitimidad de los desahucios en determinadas ocasiones, sobre la obligación perentoria de cumplir los objetivos de desarrollo del milenio, sobre la injusticia de que las consecuencias de las crisis las paguen los que no tuvieron parte en que se produjeran, sobre la urgencia de generar acuerdos en nuestro país para evitar una catástrofe, sobre la indecencia de dejar en la cuneta a los dependientes y vulnerables. Es desde esa dimensión de todo ser humano llamada vida moral desde la que se decide todo lo demás, una dimensión que es personal e intransferible, pero tiene que ser también razonable.

Rosa Blanca.

 

Hoy mis amigos me han traído a José Martí a la memoria, y aquí dejo, un poquito de su obra, para todos mis amigos.

Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

Claudio Ramón Berzosa.

Otro fragmento del "La Balada del Abuelo Palancas" en el que Félix Grande, deja cuenta de la antipedagogía que no hemos acabado de erradicar.

Mi padre tenía toda la razón de este mundo: aquel profesor era un borde. Peor aún: era un borde ilustrado, que es una variedad de bordes civilizadamente abominables. Aquel borde ilustrado acaso no desconociese la historia de un padre nauseabundo, de nacionalidad suiza y llamado Guillermo Tell, de quien es fama que, en vez de disparar contra el gobernador Gessler o cualquier otro enemigo germánico, prefirió obedecer a un despota y de un flechazo taladró a una inocente manzana situada a unos centímetros de distancia de los ojos despavoridos de su propio hijo. Émulo de aquel miserable, el profesor de Cultura General denominado Claudio Ramón Berzosa tenía la costumbre de exigir a menudo en clase que sus estudiantes callasen hasta parecer muertos, y así, con el pretexto de enseñar la asignatura del amor al silencio, ejercitaba su poder, su sadismo y su puntería sobre una sociedad de veinte o treinta siervos de siete a diez años de edad: cuando alguno de sus aprendices de esclavo se atrevía a desobedecerlo susurrando alguna palabra hacia su compañero de pupitre, Claudio Tell de La Mancha enviaba con fuerza su puntero de madera de chopo hacia la frente del insubordinado. Aquella tarde el insubordinado fue el hijo de mi abuelo Palancas. El abuelo escuchó pacientemente la exposición de los hechos, puso en la boca de su hijo otro caramelo de malvavisco cuando el desconchado había acabado su relato y le dijo que mañana lo acompañaría a la clase, lo que a mi padre le hizo intuir que al día siguiente tendría la dicha de acudir a un acto de reparación conforme a derecho, es decir, que resplandecería la venganza.

La Balada del Abuelo Palancas.

Anoche, al filo de hoy, leía en horizontal este fragmento.  Me parecía un retrato formidable de un caracter real y una época. Me hacía reflexionar sobre los rasgos del carácter, lo que tienen de innatos y su acomodación al tiempo y al lugar en el que se hacen persona. Hoy os lo dejo a modo de despedida de uno que era Grande por nombre y por esencia.

Hasta la abuela Anselma, que para entonces tenía ya un genio de los mil demonios y que apenas abría la boca para otra cosa que no fuera provocar sarpullidos de irritación, y que odiaba a su nuera por haberle arrebatado a su hijo con Dios sabría qué malas artes; hasta la abuela Anselma, que desde que empezó la guerra había acogido con todas las potencias de su conturbación la costumbre de combatir con vino el terror a que sus dos hijos pudieran ser despedazados por una bomba,  que cuando acabó la guerra no renunció a la costumbre de empinar el codo, aunque, para desgracia de quienes con ella convivían, desconocía el arte de beber y convertía su torpeza en recelo y resentimiento, y transformaba el vino en efusiones de mal genio, y resolvía su ofuscación en deducciones ofensivas, en acusaciones descabelladas y en blasfemias incandescentes; hasta aquella mujer que llevaba malamente sus relaciones con el recuerdo de la guerra civil, con la posguerra testaruda, con su propia edad, que ya había consumido los placeres de un mundo que ya no le prometía otra cosa que decadencia, con un hígado que no tenía resistencia ni conocimiento, con sus vecinas, con su nuera, con el destino y con la vida y el Universo en general ... hasta la abuela Anselma se acercaba despacio al territorio ajeno y en penumbra en donde estaba la cuna de mi hermano Julio y lo miraba con un embeleso reprimido y remoto, y así permanecía navegando absorta en el océano de sus antiguas conformidades maternales ...

Indeseable.

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.

De José Emilio Pacheco en el día de su adiós.

El Principito.

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Mi felicitación de cumpleaños para un buen amigo que, a veces, se olvida de los números.

Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su número, es por consideración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?". Pero en cambio preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?". Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil pesos". Entonces exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!".

De tal manera, si les decimos: "La prueba de que el principito ha existido está en que era un muchachito encantador, que reía y quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe", las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que somos unos niños. Pero si les decimos: "el planeta de donde venía el principito era el asteroide B 612", quedarán convencidas y no se preocuparán de hacer más preguntas. Son así. No hay por qué guardarles rencor. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores.

Pero nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números. A mí me habría gustado más comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Me habría gustado decir:

"Era una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…" Para aquellos que comprenden la vida, esto hubiera parecido más real.

Porque no me gusta que mi libro sea tomado a la ligera. Siento tanta pena al contar estos recuerdos. Hace ya seis años que mi amigo se fue con su cordero. Y si intento describirlo aquí es sólo con el fin de no olvidarlo. Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo. Y yo puedo llegar a ser como las personas mayores, que sólo se interesan por las cifras. Para evitar esto he comprado una caja de lápices de colores. ¡Es muy duro, a mi edad, ponerse a aprender a dibujar, cuando en toda la vida no se ha hecho otra tentativa que la de una boa abierta y una boa cerrada a la edad de seis años! Ciertamente que yo trataré de hacer retratos lo más parecido posibles, pero no estoy muy seguro de lograrlo. Uno saldrá bien y otro no tiene parecido alguno. En las proporciones me equivoco también un poco. Aquí el principito es demasiado grande y allá es demasiado pequeño. Dudo también sobre el color de su traje. Titubeo sobre esto y lo otro y unas veces sale bien y otras mal. Es posible, en fin, que me equivoque sobre ciertos detalles muy importantes. Pero habrá que perdonármelo ya que mi amigo no me daba nunca muchas explicaciones. Me creía semejante a sí mismo y yo, desgraciadamente, no sé ver un cordero a través de una caja. Es posible que yo sea un poco como las personas mayores. He debido envejecer.

Fragmento del Capítulo IV de "El Principito" (A. de Saint - Exupéry)

Te quiero.

    "¿Y si no te lo hubiera dicho?"

Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

 

Luis Cernuda. 50 años después de su ausencia.

Yo pisaré, ....

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.

Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé de las primeras balas
más temprano que tarde sin reposo
retornarán los libros las canciones
que quemaron las manos asesinas
renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Pasatiempo.

Otra vez Mario, 

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta,
un charco era un océano,
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego, cuando muchachos,
los viejos eran gente de cuarenta,
un estanque era océano,
la muerte solamente
una palabra.

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta,
un lago era un océano,
la muerte, era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad:
el océano es por fin el océano,
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Cuando sonríes, ...

   Para tí, por el esfuerzo de poner una sonrisa, en medio de tu amargura.

When you are smiling

ocurre que tu sonrisa es la sobreviviente,

la estela que en ti dejo el futuro,

la memoria del horror y la esperanza,

la huella de tus pasos en el mar,

el sabor de la piel y su tristeza.

When you are smiling

the whole World,

que también vela por su amargura,

smiles with you.

Mario Benedetti,

Ausencia.

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Jorge Luis Borges.

Poema 20.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Tarde de lluvia con Neruda.

¿Cómo sabía él que era este el "último dolor" y que serían estos "los últimos versos"?

Siete pimpollos.

Un poema que mi padre regaló a mi madre el día de su cumpleaños, y ambos nos regalaron a todos los demás con el orgullo de ser sus hijos.

Siete pimpollos tengo yo en mi huerto,

fruto de unión con fértil compañera:

la tierra virgen que mi Dios me diera

para juntos cruzar este gran puerto.

 

Cinco rosas, dos lirios, que en concierto

de olor fragante en dulce primavera,

retoñan nuevos brotes por doquiera

al cruzarse con brotes de otros huertos.

 

Nuevos retoños, once hasta el momento,

van ampliando el huerto peregrino

en bendición, dulzura y gran acierto.

 

En esperanza cruzo este camino

con la mirada puesta en el evento

de que la eternidad sea su destino.

 

Rafael Gómez - Pimpollo Sevilla

24 de junio de 2012

La escuela de Charles Bovary

Fragmento de Madame Bovary (Flaubert, 1856)

Comenzó el sonsonete de las lecciones. El muchacho las escuchaba con los oídos muy abiertos, atento como en el sermón, sin atreverse siquiera a cruzar las piernas ni a apoyarse en el codo, y a las dos, al sonar la campana, el maestro de estudio tuvo que llamarle la atención para que se pusiera con nosotros en la fila.

Teníamos la costumbre de tirar las gorras al suelo al entrar en clase, para quedarnos con las manos  más libres; había que arrojarlas desde el umbral de modo que cayeran debajo del banco y pegaran contra la pared levantando mucho polvo. Era el estilo.

Pero ya se había acabado el rezo, y el nuevo, bien porque no se fijara en la maniobra o bien porque no quisiera someterse a ella, seguía con la gorra sobre las rodillas. [...]

—Levántese —le dijo el profesor.

Se levantó: la gorra cayó al suelo. Toda la clase rompió a reír.

El muchachote se inclinó a recogerla. Un escolar que estaba a su lado volvió a tirársela de un codazo; el muchacho tornó a levantarla.

—¡Vamos, suelte la gorra! —dijo el profesor, que era hombre zumbón.

Las carcajadas de los escolares desconcertaron al pobre muchacho: no sabía si había que tener la gorra en la mano, dejarla en el suelo o ponérsela en la cabeza. Volvió a sentarse y la posó sobre las rodillas.

—Levántese —le ordenó el profesor— y dígame cómo se llama.

El nuevo tartajeó un nombre ininteligible.

—Repita.

Se oyó el mismo tartamudeo de sílabas, apagado por el abucheo de la clase.

—¡Más alto! —gritó el maestro—, ¡más alto!

Entonces el nuevo, tomando una resolución extrema, abrió una boca desmesurada y, a pleno pulmón, como quien llama a alguien, soltó esta palabra: Charbovari.

El estrépito surgió repentino y, de golpe, subió in crescendo, con algunos gritos sueltos (alaridos, aullidos, pataleos, coreando: ¡Charbovari! ¡Charbovari!); luego, el estruendo fue declinando en notas aisladas, calmándose a duras penas y resurgiendo a veces de pronto en la línea de un banco o estallando acá o allá, como un petardo no del todo extinto, una risa ahogada.

Bajo una lluvia de castigos, se fue restableciendo el orden en la clase, y el profesor, una vez enterado del nombre de Charles Bovary mandando a su titular que lo dictara, lo deletreara y lo releyera, ordenó al pobre diablo que fuera a sentarse al banco de los desaplicados, al pie de la tarima profesoral. El muchacho se puso en movimiento, pero, antes de echar a andar, vaciló:

—¿Qué busca? —preguntó el profesor.

—Mi go... —musitó tímidamente el nuevo, paseando en torno suyo una mirada inquieta.

—¡Quinientos versos a toda la clase! —exclamado con voz furiosa, cortó el paso, como el Quos ego, a una nueva borrasca—. ¡A ver si se están tranquilos! —repetía indignado el profesor, enjugándose la frente con el pañuelo, que acababa de sacar del gorro—. Y usted, el nuevo, me va a copiar veinte veces el verbo ridiculus sum.

Después, con voz más suave:

—¡Ya encontrará la gorra, no se la han robado!

 

No he buscado el texto, me ha venido él a buscar a mí y para mi sorpresa, he dudado si mostraba una escuela del pasado, o del futuro.

Los parecidos con la escuela actual ... ¿son pura coincidencia?

El extranjero.

Por alguna razón, la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de hoy me ha recordado esta canción, que con poco más de doce años me sabía de memoria y que los tiempos me obligan a recordar.

Dichoso tú naranjo iluminado
que Dios te ha dado certidumbre en los pies
y sabes que no has sufrido
sino al amparo de un paisaje conocido
y consideras tuyo todo cuanto ves

Oye la campana que se anima con el viento
ella puede volar,
pero no dejar bajo la tierra sedimento
no tendrá raíces solo cicatrices en su repicar

Yo solo soy de mi niñez y se la dieron
al país de las crisálidas viajeras
sobre pájaros en flor que no supieron
de raíz ni de fronteras

Soy ciudadano de una patria inadvertida
del camino y no la tierra soy granjero
dando tumbos voy y vengo por la vida
cada vez más extranjero.


Dichoso tú naranjo enardecido
que me has parido y me has visto crecer
a ratos por los marjales
y no sabías que ya no éramos iguales
que el autocar nos alejaba sin querer

Antes que tu sombra perfumada me pregunte
si me voy a quedar
déjate cantar por mi guitarra transeúnte
No me pidas nada
dame tu posada y hazme caminar

Yo solo soy de mi niñez y se la dieron
al país de las crisálidas viajeras
sobre pájaros en flor que no supieron
de raíz ni de fronteras.

(Joan Baptista Humet, 1980)

 

La sonrisa de una dama.

Me la han regalado y, aunque para nada me la merezco, os prometo que me servirá de acicate para acercarme en este año un poquito más a esa dama.

He querido regalarte en un día tan especial
Un baúl imaginario donde puedas ensoñar
Con detalles de tu mundo y paisaje de colores
¿qué otra cosa puedo darle a una linda dama blanca?
Sino una lista de esas cosas
Que se guardan de verdad
Una flor
Un hermoso amanecer
Una foto con amigos y una gran beso al corazón
Un barquito de papel
Y una niña con un sol
Y una tarde en los jardines del edén
Un lugar donde soñar y otro donde realizar
Y una vida por delante para dar
Mucha más felicidad brillando a tu alrededor
Todo envuelto en un lazo de ilusión
Para que asi nunca te olvides
De mostrar al mundo entero
La sonrisa de una dama como tú...
Un lugar donde soñar y otro donde realizar....
Feliz cumpleaños.

Miguel Bosé

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.

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Por ser mañana 8 de marzo, me han obsequiado con este bello poema que quiero compartir con todas vosotras, con todas aquellas que no tienen quien se lo obsequie, y con todos los que piensen al menos en una mujer a quien regalárselo.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.

Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género
Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.

 

Gioconda Belli (Managua, 1948)

"Alucinaciones"

                                       En homenaje a José Hierro, de cuya ausencia hoy hablan los periódicos.

 

Pero se me ha borrado

la historia (la nostalgia)

y no tengo proyectos

para mañana, ni siquiera creo

que exista ese mañana (la esperanza).

Ando por el presente

y no vivo el presente

(la plenitud en el dolor y la alegría).

Parezco un desterrado

que ha olvidado hasta el nombre de su patria,

su situación precisa, los caminos

que conducen a ella.

Perdóname que necesite

averiguar su sitio exacto.

 

Y cuando sepa dónde la perdí,

quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale

tanto como la vida para mí, que es su sentido.

Y entonces, triste, pero firme,

perdóname, te ofreceré una vida

ya sin demonio ni alucinaciones.

 

José Hierro, fragmentos de "Libro de las alucinaciones" 1964

Más lluvia.

                                    Es curioso, no creo en Sanvalentines, pero sí en la lluvia, y hoy me ha caído esta en el correo.

 

"... y me cuesta escribir la palabra amor,

porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa,

y solo el alma sabe dónde las dos se encuentran,

y cuándo,

y cómo, ..."

 

"Lluvia", de Juan Gelman.Beso

Donde el corazón te lleve.

Apareció anoche en un pequeño cuaderno de citas recopiladas

de las lecturas de hace años.

Escogió el momento oportuno.

Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raices es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raices y poca copa a duras penas deja circular su savia. Raices y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas, solo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así, al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos.

Y luego, cuando ante ti se abran muchos  caminos y no sepas cual recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar, siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga; aguarda y aguarda más aún.  Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.

Susana Tamaro en "Donde el corazón te lleve".

Antonia.

Debió de escribirlo Rafael Gómez - Pimpollo Serrano antes de ser fusilado en Manzanares. Su hijo y nietos, entre quienes me incluyo, lo redescubrimos y rescatamos del olvido hace unas cuantas navidades. Antonia, que fuera joven esposa y madre, lo había guardado celosamente. Sirva como homenaje a ambos.

"Antonia, nombre de madre.
Para mi quise que fuera,
la vida un vergel florido
y estos monstuos sin entrañas
me arrancan el ser querido.

Por redimir nuestro hogar,
por hacer feliz la vida,
por educar nuestro hijo,
por combatir la mentira,
Antonia, por eso muero,
que lo sepa nuestro hijo.
Edúcalo mucho y bien,
que su fin sean mis principios."

Ya no es ayer.

La mejor aventura es esa de los años chicos, la aventura de descubrir la vida. Cuando averiguas porqué existe el ombligo. Que te gusta el pompis de las chicas y que sus pechos valen para tantas cosas ... Luego, poco a poco, desde abajo, sentado en el borde de la acera, notas que los hombres no son como creías. Que de pronto se ponen muy serios al hablar de política y dinero, que le dan una importancia incomprensible al alcalde saliente; a que levanten el empedrado de la calle; a las letras grandes del diario, a la muerte de un viejo ... a se encirre el cielo. Y que pasan ante nuestros juguetes sin mirarlos. Un mundo muy raro, que cuesta mil trabajos entender, traerlo a tu cabeza  de risas y balones, de besos a la hora de dormirte, de dulces los domingos, de películas cómicas y cantares a corro en la Glorieta. Empiezas a entender que la vida es una lata. Pero son entendimientos de segundo, pues una falda que aletea, el chiste de un amigo o no sé que empujón de la sangre en tu cabeza, te vuelven la alegría, la risa por nada y la creencia de que todo es formidable.

Francisco García Pavón

El Escritor.

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Fragmento de "Escribir es vivir" de José Luis Sampedro y Olga Lucas, con quienes he tomado mis últimas clases en la tranquilidad de mi casa y con la flexibilidad de mi propio horario.

     Pensemos en una forma sencilla de definir a un escritor. Podemos recurrir a varios ejemplos. Yo me inclino por aquellos que desmitifican al escritor, que lo bajan de su peana, le despojan de su aureola mágica y lo muestran como un trabajador cualquiera. El ejemplo más directo, sencillo y, a la vez, muy ilustrativo del oficio es la comparación del escritor con una vaca. Como, además, nos encontramos en un escenario geográfico en el que abundan las vacas, espero que me sigan, que puedan visualizar al escritor comparado con una vaca.

     Veamos, ¿qué hace la vaca? Ustedes imaginen la vaca en un prado, tan tranquila, detrás de una cerca mirando a la carretera. Por la carretera pasan infinitas cosas. Pasan los labradores que van a labrar los campos, pasan los turistas, pasa la guardia civil, pasa el coche de línea. Y la vaca lo mira todo. Ustedes, los que viven por aquí, se habrán fijado en los ojos de las vacas. Los ojos de las vacas son maravillosos, son un prodigio, merecen tantos madrigales como los ojos de las mujeres hermosas y no los tienen las pobres. El único poema que yo conozco sobre los ojos de una vaca es un poema de Joan Maragall, pero es un poema a una vaca ciega, de modo que no me sirve. Los ojos de las vacas son asombrosos, son grandes, tremendos, son protuverantes, casi esféricos, se salen casi de las órbitas. Además están uno a cada lado de la cabeza, con lo que tienen seguramente un campo visual, un gran angular que los humanos no tenemos. Un campo tremendo. Los ojos de la vaca son sensacionales. y ¿qué hace la vaca viendo todo aquello? Se lo zampa, lo observa todo. El escritor también. El escritor es un voyeur, confesémoslo de una vez, y lo digo en francés para que no parezca indecente. El escritor lo ve todo, lo oye, lo huele todo - no digo que lo toca porque eso ya sería pasarme -, pero el escritor, verdaderamente es un cotilla. Volvamos a la vaca. ¿Qué pasa con ella al cabo de un rato? La vaca agacha la cabeza, arranca con sus dientes unas briznas de hierba, las mastica y se las traga. ¡Ah!, pero como ustedes saben muy bien, la vaca es un rumiante. Y, además, tiene cuatro estómagos, quién los pillara, ¿verdad?, para disfrutar más de la comida. La vaca se saca de uno de sus cuatro estómagos lo que ha tragado, lo vuelve a la boca y lo mastica de nuevo. El escritor actúa también como un rumiante: a todo lo que ha visto, todo lo que ha tocado y oído le da vueltas y más vueltas. Yo, por ejemplo, voy por la calle, y como  el de escritor es mi oficio permanente, tengo siempre a mano mi ordenador de bolsillo.

(En este momento el profesor Sampedro saca de su bolsillo un pequeño bloc, lo agita en alto para que todo el mundo lo vea; la clase sonríe y él ironiza)

¡Indignaos!

Stéphane Hessel

"Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es un valor precioso. Cuando algo te indigna como a mi me indignó el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido. Pasas a formar parte de esa corriente de la historia, y la gran corriente debe seguir gracias a cada uno. Esa corriente tiende hacia mayor justicia, mayor libertad, pero no hacia esa libertad incontrolada del zorro en el galllinero. Esos derechos, cuyo programa recoge la Declaración Universal de 1948, son universales. Si os encontráis con alguien que no se beneficia de ellos, compadecedlo y ayudadlo a conquistarlo."

Hoy, con Blas de Otero

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

La tortuga.

Final del cuento del mismo nombre de Patricia Highsmith.

Víctor no pudo probar bocado de la cena, aunque el guiso de tortuga se serviría a la noche siguiente, y su madre no pudo obligarlo a comer, aunque lo sacudió por los hombros y lo amenazó con darle otra bofetada. No dijo una palabra. Se sentía muy distante de su madre, incluso cuando ella le gritaba en las narices. Se sentía muy raro, como esas veces cuando tenía ganas de vomitar, pero en ese momento no tenía ganas de vomitar. Cuando llegó la hora de acostarse, tuvo miedo de la oscuridad. Veía la cara de la tortuga en todas partes, con la boca abierta y los ojos desorbitados en una mirada de dolor. Víctor hubiera querido salir por la ventana y flotar, irse adonde quisiera, desaparecer y al mismo tiempo estar en todas partes. Imaginó las manos de su madre atenaceando sus hombros, si lo veía intentando salir por la ventana. Odiaba a su madre.

Se levantó y fue en silencio a la cocina. La casa estaba completamente a oscuras, pero Víctor dirigió su mano con precisión a la hilera de cuchillas y tomó con suavidad la que buscaba. Pensó en la tortuga, convertida en pedacitos, mezclada en la salsa de crema y huevo y jerez en la cacerola dentro de la heladera.

El grito de su madre pareció desgarrarle los oídos. La segunda puñalada penetró en su cuerpo y le perforó la garganta otra vez. Sólo el cansancio lo hizo detenerse y, para entonces, oyó gente afuera que trataba de abrir la puerta. Víctor se dirigió a la puerta, corrió la cadena del pasador y abrió.

Lo llevaron a un edificio enorme, lleno de enfermeras y médicos. Víctor era muy callado y hacía todo lo que le pedían y contestaba las preguntas que le hacían, pero sólo eso. Como nadie preguntó nada de la tortuga, no mencionó el tema.

Recuerdo aquel paseo ...

Un poco de nostalgia con José Corredor - Matheos

"Recuerdo aquel paseo
solitario
en que sólo el silencio
era lo que alcanzaba
a oír entre las hojas,
y podía sentirme
como un árbol,
sentirme como un pájaro.
Y recuerdo también
un único paseo
acompañado,
hace ya mucho tiempo.
No puedo recordar
quién pisaba las hojas
a mi lado."

En las orillas del Sar.

Otro de los favoritos que van en mi memoria.

Alma que vas huyendo de ti misma,
¿qué buscas, insensata, en las demás?
Si secó en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Sí!... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada.

Las desiertas abarcas.

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Miguel Hernández

Sin palabras, amigo, ...

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndote débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…

Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…

Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

José Hierro (De “Alegría” 1947)

Gracias, maestro

Me he sentado a leer tranquilamente el discurso de Vargas Llosa en la Academia. Llegué alli más preocupada por China y los efectos que el Premio Nobel de la Paz pueda tener en otros ámbitos. Me ha regalado un rato de placer y de aprender, lo propio de un maestro. Copio una cita entresacada por una aprendiz,

"... esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero".



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