Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2016.

Rescoldo

La lumbre está encendida. El ojo del corazón lo mira en calma. El fuego es muerte y vida al mismo tiempo y así se antoja al ojo relajado del abandono.  El tiempo queda siempre atrás aunque la vida avance hacia delante. El tronco grueso y retorcido terminará en cenizas; igual que la hojarasca que lo alimenta. El fuego siempre tiene hambre de hojas, igual que el tiempo codicia nuevos días y el corazón ansia sentimientos.

En la ventana la tarde, y en la memoria los recuerdos. Es invierno sin serlo. La templanza de un clima en deterioro añade magia a la tarde.  Los cuarterones apenas muestran el cielo gris, plomizo, y unas ramas que hace tiempo dejaron caer las últimas hojas. Un mundo inmóvil. Igual que un corazón ajeno a los eventos.

Solo avanza la luz en retirada cediendo el espacio a la noche en los seis cuadros vidriados que antes fueron ventana. Y en medio de las sombras el fuego tintinea a ratos como fuerza y a ratos como lamento. El ojo que lo observa no lo piensa; deja las llamas brillar en la retina como una parte más de un invierno sin alma. Ningún parpadeo sorprendido por las bolluscas anárquicas en se elevan en el curso del humo. Ninguna perversa pavesa que sobresalga al resto. Ningún recuerdo que destaque.

De repente un impulso. La lumbre ha perdido vigor sin apagarse. El ojo que la observa casi inmóvil desde su inicio, genera una reacción, y una mano, arrebata a la banca una pila de sobres. Caen sin estruendo sobre las brasas rojas que se apagan y arrancan, en un quejido apasionado, una nueva fogata. La habitación completa es noche. Una lágrima rueda por la mejilla inerte y en ella se refleja una llama que no dura; que ni quema ni duele.



Carta a 2016

"Señor, enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
que traigamos al corazón sabiduría"

Salmo 90.12

Querido “Año Nuevo”,

Es mi deseo que al recibo de la presente te encuentres bien. Así empezaban las cartas que años atrás me enseñaban a escribir, con el deseo de hacer de mí, como de tantos, ciudadanos educados. Sin embargo la vida me enseñó que hay cartas que se inician de otro modo porque también depende del destinatario y porque hay muchos modos de hacer incluso fuera de los llamados “buenos modales”.

Por eso, querido “Año Nuevo”, creo que debería haber cambiado mi comienzo, porque en realidad mi deseo es que nos encontremos bien nosotros cuando tú te marches. Nos has encontrado en buen estado, sin perjuicio de que todos lo creamos mejorable. El hecho de que llegues después de Navidad facilita las cosas, porque siempre nos hallas en un estado de postcelebración que ayuda al optimismo, y así te recibimos. Sin embargo, una visión objetiva de tu llegada nos haría recibirte con más cautelas. Los deseos de cómo acompañar tu compañía serían diferentes. Comer menos, o ejercitarse más no tendrían que ver con días de excesos cuando hay muchos que no te celebran que querrían comer más y caminar menos para salvar la vida.

Quisiera aprovechar para pedirte algo que creo que te ayuda.  Me permito pedírtelo porque sé que  te harán bien mis deseos para ti y que serán beneficiosos para todos. Quiero pedirte que cuando te vayas porque otro año venga a visitarnos, dejes detrás de ti un poco más de logros colectivos. Quisiera que en tu estancia el bien común no esté sujeto al bien prioritario de algunos y que el mal de muchos no consuele, sino aliente a espantarlo.  Quisiera que la injusticia  nos encuentre a todos de frente y abandone. Que no gane más el que más gana, sino quien más gana le pone a ganar para todos. Que contigo la indiferencia no gane terreno al compromiso, ni la confrontación habite las estancias en que debió vivir la convivencia.

No abusaré de ti ni de la confianza que dan un par de días vividos juntos. Creo que puedes hacerte una idea de lo que quiero y de que quiero que lo traigamos juntos. Tenemos muchos días por delante, pero no podemos confiarnos y encontrarnos al fin de tu visita con la tarea pendiente. Trabajemos desde el primer momento y que la inspiración, si llega, nos encuentre ocupados; que sea igual si quienes vienen son la mal llamada suerte, o la oportunidad. Y que al final, miremos hacia hoy con la satisfacción de las tareas cumplidas, de la conciencia satisfecha, y con la inquietud de esperar a otro año para hacerlo aún mejor, aunque las circunstancias sean adversas.

Y no me despediré sin felicitarte al menos por haber llegado, y por haberlo hecho con normalidad pese a alarmas de miedo que tienden a expandirse. Con lo injustos que somos tantas veces, y a veces tan ingratos, te felicitaré también porque has venido para quedarte más de trescientos días, por dejarnos quererte, y porque al despedirte, no queramos atarte a nosotros ni a nosotros contigo.

Mi querido “Año Nuevo”, bienvenido a tu tiempo con nosotros.

Charlot

Se buscan Charlots, por las calles de hoy.

¡Nos hacen mucha falta!

Hay un perro pequeñito

que te muerde el corazón;

pero está tan …, tan hambriento

que le regalas tu yo.

 

Se burlan de ti, se burlan

porque ofreces una flor

y una sonrisa, creyendo

que es la suprema razón.

 

Vas abriéndote camino

- molinete, tu bastón-,

mas tu hélice, aeroplano,

solo rastrea el dolor.

 

El mundo es hosco y espeso,

pero salta el corazón,

se despega y toma vuelo

como un motor de explosión.

 

Tonto genial, pobre diablo,

¿no eres tú la encarnación

evidente y no creíble

de Dios con hongo y bastón?

 

Se burlan de ti, se burlan,

y hay un tipo grandullón

yuna muchacha bonita.

Mil tropiezos: ¡y el amor!

 

Sólo una mueca, el calambre

con que sacudes tu yo,

te sirve para salvarte.

¡El resto es vida interior!

 

Y vas tirando – paciencia-,

curado de indignación,

y extrañado de que dejen

tomar, sin pagar, el sol.

 

Gabriel Celaya



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris