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Ramón y el resto.

Podéis entreteneros en buscar el "acróstico escondido".

La reunión era discreta. Ricardo era el referente y los había convocado en la barra de un bar. No era el sitio habitual, era un pequeño restaurante alejado de la oficina. Antonio, Manuel, Olga, Nuria y Ramón llevaban un rato charlando animadamente cuando él se ha incorporado. Hablaban de cosas intrascendentes, sin evitar alguna referencia a la situación de la empresa; diálogos cruzados poco comprometidos. Ha pedido una cerveza y se ha unido a la conversación. Enseguida ha invitado a todos a sentarse en una mesa alejada de la barra.

De camino hacia la mesa, con toda normalidad, ha iniciado el tema. “Ramón, por el momento, …

Por el momento ..., Ramón era un compañero más. Antonio y él habían coincidido en el pasado en algunas tareas y cree que las resolvieron bien. Ahora las recuerda. Tampoco habían intimado, pero habían sabido estar cada vez que se encontraban. Tuvieron alguna discrepancia que en ocasiones se había resuelto a favor suyo, y en otras de acuerdo con el criterio de Ramón. Le ha sorprendido que Ricardo los convocara fuera del despacho, pero debe tratarse de alguna nueva gestión que quiere mantener un poco en secreto; quizá algún cambio en la organización, o algún nuevo programa que requiere de un cambio de estrategia. No le importa, sea lo que sea cree que podrán hacerlo con tal que se organicen bien.  En estas cosas Antonio siempre se ha fiado de Ricardo; no cree que sea mal jefe. Será imprescindible que cada uno haga bien su parte. No tiene por qué dudar del resto de los convocados, tampoco de Ramón, pero cree que el compromiso debe quedar claro desde el principio. Si Manuel no lo decía se encargaría él mismo de hacerlo.

Por el momento ..., Ramón era solo un aspirante al puesto de dirección. Eso pensó Manuel. Lo había pensado desde el principio, eran los primeros que habían llegado a la cita y no habían tenido más remedio que hablar un rato. Manuel lo tenía claro, Ramón era un trepa. Pero no lo pensaba solo ahora, Manuel siempre había pensado que tenía aspiraciones. Lo pensó el día que se incorporó a la empresa, con su imagen impecable y sus buenas palabras. Detrás de su cortesía y su dedicación solo había pretensiones ocultas. Lo había sabido desde el principio. Además, una vez que lo conocías, ya no parecía tan inteligente ni tan capacitado como al principio. Tampoco era tan atractivo. Era solo cuestión de imagen y eso cualquiera de ellos podría superarlo con un poco de empeño. Quizá debería aliarse con Olga; juntos serían la mejor opción para la empresa.

Por el momento ..., Ramón era un hombre casado. Olga lo sabía desde el principio y nunca le había pedido otra cosa. No recuerda cuando empezó todo. Debió de ser a partir de un proyecto complicado que les tocó compartir. Fueron muchas horas de trabajo intenso, y algunos viajes. Recuerda haberlo admirado desde el principio, por su dedicación y su cortesía; y por dar siempre con la palabra y el tono adecuado.  A veces la sacaba de sus casillas. Sobre todo cuando mostraba esos episodios intermitentes de frialdad hacia ella sin razón alguna. No por el aparente distanciamiento, que podía llegar a entender, sino por cómo era capaz de mostrarse normal en todo lo demás. Sin embargo lo seguía admirando, y tenía una disposición inevitable a ayudarle en sus tareas y a defender sus mismos argumentos. Al contrario que Nuria, con Nuria parecía tener siempre un motivo de discordia.  

Por el momento ..., Ramón era el más inexperto. Nuria lo veía así. Demasiado inexperto para dejarlo solo. Demasiado inexperto para tomar decisiones. Y hasta demasiado inexperto para mostrarse siempre tan seguro como parecía. Su poca experiencia podía poner en peligro el éxito de la tarea que fueran a iniciar. Además algunos se dejaban llevar por sus opiniones y perdían de vista el criterio que durante años había funcionado.  Algunas de las chicas sestaban deslumbradas por él, y eso podía ser un serio riesgo para el trabajo. No era solo una cuestión de edad, era más bien de tiempo dedicado a la compañía y de experiencias vividas en ella. Ricardo no debía haberlo convocado.

Se habían sentado. Ramón había quedado, casualmente, entre las chicas y enfrente de Ricardo. Cada uno había traído, desde la barra, su pensamiento y su cerveza. El camarero les había seguido con unas raciones para acompañarlas. Tan pronto como se hubo alejado, Ricardo retomó el discurso:

Como os decía, Ramón por el momento, ... ”.

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